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jueves, 26 de mayo de 2011

EL DERECHO DEL AVE...

Suspendida en el aire, un ave,
danzaba su victoria ingrávida.
Veleidosa en sustancial algarabía
desplegó su hechizo de colores
                                    - jactanciosa-
y su belleza natural, de sutiles aleteos
surcó el alma de la tarde temblorosa.



Obra de Dios, creatura, única.
Subliminal composición hedónica.
Legítima heredera celestial
de arboledas y flores.
Ruidosa ensoñación feliz
imprescindible de los bosques.


Un sobresalto, centelleo de plumas,
eclipsó de pronto, la tarde astillada,
y su delicada gracia fue quebrada.
Rebelión de hojas, murmullos y quejas
en cortejo unidas, por el ave muerta.


Y por un momento,
 la obra del cielo cierra sus telones
y al compás los sones del bosque ofendido,
ante tal vejamen, clamando castigo.



No existen razones, su muerte es inútil,
su pérdida absurda -un necio exterminio.
            
Y mientras, demudada de dolor la miro,
quisiera tener el valor de indagar:
¿Qué explicación darás   -de esta locura-
cruel cazador, ávido y dañino
a los pichones huérfanos
que aún claman en sus nidos?

¿Con qué argumento llenarás tus jaulas
de falsarios trinos y apócrifas alegrías?
Tu obcecación colma tus horas yertas
mientras vacía los nidos,
tu diversión fabrica un juego
que hace del bosque un sitio extinto.

¿Qué explicación entonces,
 cruel cazador, podrás elaborar?
Si has hecho del cazar un juego
y del matar el arte  que sostiene
y alimenta  tu  costosa vanidad.

Si  no hay combate, ni auténtica necesidad,
¿Qué diversión podrás hallar?
en la acción vil e injusta de quitar
el único derecho que el ave tiene
            -sin alternativas, sin oportunidad-
el derecho de vivir ... el de volar...
O, simplemente, el de poder guiar
el vuelo de sus pichones hacia el cielo.

                    De poetas y Escritores Primer Encuentro Nacional de Menciones de Honor  
                                    Río Ceballos 2007- Ed. De las Tres Lagunas 

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