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sábado, 23 de febrero de 2013

NUESTRAS SOMBRAS


NUESTRAS SOMBRAS

Mientras cae la tarde
           incendiando el horizonte,
mientras los añosos pinos
           se recuestan en las sombras
mientras todo se inunda
          de la tibia oscuridad,
mi prosaica silueta
          se convierte en otra sombra.

Y allí, abrazada por tinieblas
           y ecos prolongados por el viento,
recogida en los últimos
          fulgores opalinos de la tarde,
te espero...
te espero, interminablemente...

Más tu sombra,
          bifurcada en otras sombras
          arrastrada por espacios infinitos
se vislumbra en resplandores ambarinos,
y deja que mi espera interminable
se convierta en dos sombras
            que semejan una sola.
CRISTINA VALIDAKIS

OCTUBRE


OCTUBRE
Llegaste desde octubre
mendigo de amor
y trashumante.
Mi piel estremecida
de estíos floridos
incendiaste.
Seguro y perspicaz
mi ser
glorificaste.
Mis ansias desmedidas
de sueños imposibles
contentaste. 
Y desde octubre...
tengo el tiempo sumido
en la vorágine interminable
de tu juego.
Juego de amor
florido, y a la vez desierto,
donde tu sombra y la mía
inventan sacrilegios
Juego de amor, donde el silencio
se escribe solamente
con suspiros y besos.
CRISTINA VALIDAKIS
Publicado en "Leer el libro del Mundo" Neuquén 2012

ENAMORADA...



ENAMORADA...

Sólo soy ya polvo de sueños,
cenizas acumuladas,
y una canción que entre mis manos muere
enamorada...

Amor:
tu vida no me has brindado.
Siento tus besos - no estás aquí -
los he soñado.
Sólo soy ya
de silencios un puñado.
Amor:
no me has mirado.
y aunque tus ojos se desdibujan
candor perdido, cielo  fingido,
no te tendré, no te veré
ya te has marchado...
Sin ser amada, sólo soy ya
restos de brisa deshilachada
noche avezada,
sin compostura,
rosa enfangada.
Muero tan sola,
pero muero, al fin
enamorada...

DESACIERTO...



Infame desacierto, fue mirarte
desde la primera vez.
Sublime desconcierto, que al tocarte
me incendió y se fue.
Y hoy que te quiero y me diluyo
en el fulgente de tus besos,
tengo - seguro - el vil misterio
de sedientas caricias
tatuadas en mi piel.
Si acaso - no perjuro -
me abata la desdicha
por no volverte a ver,
no sueño , ni aventuro,
sólo fuiste un secreto
que en estricto silencio
encubrirá el ayer.
Sólo fuiste un  recuerdo,
pertrecho para el tiempo.
¡ Infame desacierto
que me arrastró a tus brazos
aquel atardecer!

CRISTINA VALIDAKIS
Del libro "Entre Vuelos Mareas y Zozobras" 2012

PRESENCIA...


  PRESENCIA...
No se si te encontré, si me encontraste
                       o nos hallamos...
No puedo discernir  qué cielo de locura,
de sueños, inventamos...
No tiene nombre.  me sobran las palabras.
No  sé calificarlo no puedo disculparlo,
me alcanza tu mirada...  
Y en vana lejanía disfruto tu presencia
distante, y a la vez cercana.
Camino insospechado prohibido...
                                y desandado
infierno de supuestos
y sentimientos vagos,
donde uniremos sueños ,
caprichos y milagros.
Sonrisas y temblores
me dicen “no es tan malo”
secretos y mentiras
me impulsan a olvidarlo.
No sé  si te encontré, si me encontraste
o nos hallamos.
Te pienso... te dibujo...
y allí estás
distante... y tan cercano...

domingo, 17 de febrero de 2013

Entrabas a mi vida...



         
                                                      Entrabas a mi vida...                                                      y entrabas a mi alma nueva
                                  con fragancias de rosales y silencios.
                                  Te recibió mi euforia y solitaria inocencia
                                  Te abrazaron mis miedos
                                   Te celebraron mis sueños...
                                    Entrabas a mi alcoba
                                    con luces y serenas esencias
                                    Te recibió la calidez de mi cuerpo.
                                    Te abrazaron mis piernas.
                                    Te celebraron mis caricias...
                                     Entrabas a mi solitaria vida.
                                    Y te marchabas...lentamente
                                             llevándote 
                                     las últimas dulzuras
                                     de mis perdidas alegrías.
                                                           Cristina Validakis