lunes, 25 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
Feria del Libro de Oncativo 2011- La Novela Histórica - Presentación de la Escritora Cristina Bajo-
Cuando me dijeron que era la encargada de presentar a la Sra. Cristina Bajo, en la Feria del Li bro de Oncativo me puse a pensar en esto de la novela histórica, en lo que nos atrae de ella y nos hace adentrarnos con pasión en la trama.
Alguna vez, me dijeron que, el hecho
histórico por su naturaleza, al ser lejano en su realidad a la vivencia
cotidiana, despierta muy poco interés. Sin embargo, al recordar aquellas
novelas que leíamos con avidez y nos remontaban a otros siglos, pude darme
cuenta que, ingenuamente persuadidos por ese maravilloso universo de ficción,
nos internábamos en el contexto real e histórico que le servía de sustento.

Leer novela histórica nos sumerge, casi sin darnos cuenta, en ese pasado que su autor intenta retratar en
forma omnisciente o sugestiva, dándole al lector la posibilidad de plantearse otras realidades y entornos
posibles para las mismas e imperecederas necesidades vitales.
Porque los planos de la ficción
estética, y de la realidad, de las creencias y mitos, de las tradiciones, son
para la gente, los lugares donde puede elaborar y recrear también problemáticas
de actualidad.
Donde puede depositar emociones, sentimientos y vivencias que
trasponen el umbral de la pasividad para convertirse, en lectores y escritores
comprometidos con sus realidades históricas y sociales.
La Literatura es el ámbito,
por excelencia donde se plantea una posibilidad recreativa y a veces transgresora del lenguaje, porque
permite desde lo imaginario, ese viaje fantástico que trasciende lo real.
Novelar la historia, entonces, es
hacer de un hecho real, una novela. Es retroceder el tiempo para recrear en un
marco posible, lo que imaginamos pudieron vivir o sentir los personajes.
Por eso, el uso que hace un escritor de los códigos genéricos y culturales,
como de los conocimientos históricos, geográficos o mediáticos, es altamente interactivo.
El encuadre literario, aplicado a la
novela histórica, permite en el juego imaginario de los hechos, que
lector y escritor, se relacionen con el aspecto real que los sostiene,
dando la posibilidad de trabajar sobre lo verosímil y lo imaginario, los
sentimientos y las opiniones, las coincidencias y las divergencias
socio-temporales, la identificación y los valores inmutables.
Para
hacerlo, la contextualización en un marco socio-cultural propio de una época,
será un aspecto a tener en cuenta, para que, al construir el mundo ficcional,
puedan orientarse en él y entender los personajes y acciones en ese marco.
Este es un arte, que el escritor de novela histórica debe manejar con un inmenso trabajo: el de investigar, el de adentrarse en las fuentes históricas y ser lo más fidedigno posible. Tarea que, la Sra. Cristina Bajo en sus obras logra ampliamente, además de recrearnos con la estética literaria y la verosimilitud de personajes que son imposibles de olvidar.
Su disertación sobre "La mujer en la Historia" fue también un claro ejemplo de un profundo y responsable trabajo investigativo, donde las fuentes cobran un valor insustituible para entender los marcos en los que ocurrieron los hechos y las elecciones de los personajes de sus historias.
A ella, toda mi admiración y aprecio, y este poema que leí en su presentación:
Con este cuerpo de mujer,
he florecido...
Y he dejado volar mis pétalos
por el paisaje ambiguo
de la pasión y los sueños.
He transitado,
por el algodonoso camino
de la pérdida y los miedos.
Me he marchitado
y he quedado desvalida,
en desolados jardines de invierno.
Aún así, con este cuerpo de mujer,
he florecido.
Y he propagado al viento,
con la ballesta de los sueños,
gestadas del amor , nuevas semillas.
Con cuerpo de mujer, a veces
o con alma imperecedera de niña,
navegué y me navegaron de caricias;
sumergida en mares beleidosos de deseo,
Aferré mis amarras, resistentes al olvido
y luego las solté, para cambiar el camino.
Y a veces, naufragué, y sin embargo,
aún así, en islas nuevas, en suelos desconocidos...
he florecido...
esparciendo inéditos perfumes y mudando pétalos nuevos.
Porque ser mujer, es también comprender,
que aunque la flor deshaga su belleza en el aire
se hace eterna e inmortal, simplemente,
por ser el regazo natural de la semilla.
sábado, 2 de julio de 2011
FERIA DEL LIBRO DE ONCATIVO 2011

Educativo Puertas del Sol
fue una experiencia enriquecedora.
Hubo stands de libros,
y Editoriales,
Show de títeres,
presentaciones de libros
y la presencia de escritores conocidos
que engalanaron la Feria. Fue un
verdadero honor compartir
con ellos un evento tan especial y
conocer sus trabajos.
EL RELOJ DEL RELICARIO ( Novela histórica breve)
Esa mañana,
Maximiano y sus amigos, desde temprano se reunieron en el bar del
pueblo.
Como tantas veces el tema volvió a surgir
entre bromas, pan , queso y vino. Pero esta vez, la discusión se prolongó hasta
mediada la mañana, en que nuevamente se
dispersaron cada uno a iniciar sus tareas ya bastante atrasadas. Pero no pudo
concentrarse. Todos los días, la misma sensación de desesperanza se colaba en
su cuerpo junto al desayuno. Y continuaba en el frugal almuerzo que apenas si
alcanzaba para darle las fuerzas que necesitaba para seguir. El trabajo que
tenía era por hoy, provisorio, sólo por hoy, se dijo. Y entonces se sumaba un
nuevo sentimiento: la angustia de la inestabilidad, de un futuro indefinible e
imposible de planear. Pero ... ¿Hasta
cuándo? ¿Cuánto tiempo se puede vivir
así? Toda la vida, le habían contestado
sus padres, resignados ya a la pobreza y la supervivencia. A las carencias, al
hambre, a caminar descalzos, y vender los productos de la granja en la plaza a
toda hora, para obtener algunas migajas con las cuales mantener una familia
numerosa. Por ser el mayor, había empezado desde muy pequeño a sostener la
economía familiar casi como un adulto, a cuidar a sus hermanos como hijos.
Ese día se le hizo eterno, y al llegar la noche había
tomado una decisión, pero no hablaría con sus padres de la misma. No tenía
sentido sacar este tema otra vez. En
innumerables oportunidades en las que mencionó la posibilidad de
marcharse a probar suerte en otro
lugar, ellos habían reaccionado con el
enervante y paralizante temor al cambio , con el que lo habían formado.
Semillas que en él no germinaron.
No pudo dormir pensando en lo que iba a hacer. Jamás
se había alejado de sus seres queridos más que por un día. Pero era ahora o
nunca. Era joven, fuerte, y aún tenía esperanzas y sueños, algo que sus mayores
parecían haber perdido. Sí, sus amigos, en ellos podría confiar porque no sólo
lo entenderían, sino que seguramente
alguno lo acompañaría en la aventura que planeaba.
( Novela publicada en "De Raíces y Huellas" )
Relatada en Feria del libro Oncativo 2011
Comentario de la Autora: "El relicario" es una antigua canción española, que sonaba en el viejo reloj que mi bisabuelo trajo de España cuando se fue, sin avisarle a su familia que emprendìa el viaje. Prometió volver y llevárselo a su madre. El viejo reloj es ahora una reliquia de familia.
LA TRAVESURA ( novela histórica breve)
El
negro Simón siempre había sabido que, seguirle los pasos a la amita Felicia en
sus ocurrencias era peligroso. Principalmente para él que terminaba cargando
con las consecuencias de la travesura. Sin embargo, así se habían arrojado los
dados organizadores del destino en común, desde niños. Ella Ama, él Esclavo. En
todos los sentidos en que esta polaridad puede circunscribirse. Desde lo
racial, lo histórico, lo social, hasta aquellos aspectos que involucran los
sentimientos. Porque no sólo era esclavo por su ascendencia familiar, sino por algo mucho más sólido e
imperecedero, por un factor irreversible: su corazón había elegido zambullirse
en ese sótano ambiguo e inconstante, sin esperanzas ni futuro, de amarla sin la
menor posibilidad de alguna ley salvadora, que algún día pudiera otorgarle por
decreto su libertad. Por supuesto, la cárcel la había creado él mismo, con los
simples barrotes que impone la necesidad
indeclinable, de unas manos blancas y suaves tomando las suyas o curando sus
heridas. Y así había sido desde
siempre. Por más que lo había intentado, en ninguna ocasión había conseguido
sustraerse de esos cristales azogados de fuego en que se convertían los ojos de
la muchacha cuando una nueva ocurrencia transformaba sus manos en mariposas
inquietas y sus bucles oscuros en resortes saltarines sobre sus hombros. Al
mismo tiempo cuando oía con claridad el crujido inquieto de sus zapatillas
charoladas y ese tamborileo de grillo en guerra, para Simón,
pobre negro enamorado, era el inevitable anticipo de la desgracia. Por
supuesto de la desgracia en la que únicamente caería él, que al fin no sólo
terminaba acompañándola, sino llevando las culpas como un costal a cuestas,
cuando la travesura llevada a cabo por los dos, quedaba al descubierto y él era
el único que recibiría el castigo. Pero tanta injusticia, tenía su premio: la
mirada aterciopelada y dolorida de Felicia, parecía confirmarle que en algún
lugar de su caprichoso corazón, él existía. Y sus manos pasándole el ungüento
en la espalda sobre los rastros rojizos de los azotes del patrón, valían cada
culpa que por ella cargara.
Ahora,
mientras recorría el mohoso y fétido túnel construido por sus ancestros, sobre
pisando los adoquines que pusieron sus abuelos en dolorosa geometría inútil,
sudando de terror como ellos, con el corazón desbocado y esa rabia tan conocida
hacia sí mismo, hacia su debilidad ante Felicia que a pesar del paso de los años, aún seguía
consiguiendo de él cualquier cosa que se propusiera, pensaba que, si no la
amara tanto, no estaría ahora corriendo con ese tembloroso farol en la mano, la
ropa empapada y la angustia trepando por su estómago.
Otra
vez, la locura de esa joven a quién él
mismo le había dado la llave con la cual manipular su vida y elegir los
vericuetos irracionales de sus actos, los ponía en peligro a los dos.
Retrocediendo en el tiempo, pensó que jamás debió permitir que la muchacha saliera
a la calle el día de la
Invasión. Pero en ese momento, aunque al principio se negó,
en el fondo le había parecido una idea genial espiar por la puerta de la
calleja. Nada parecía más seguro. Desde la muralla adornada de malvones, les llegaba el monocorde
golpeteo del metal y la gritería informe que acontecían en las calles
principales de la ciudad de Buenos Aires, debido al retiro desordenado de los
milicianos. La batalla con los ingleses estaba llegando a su fin, mientras el
virrey Sobremonte, emprendía una deshonrosa retirada. Intentaron ver el paso de las tropas, pero desde el
lugar, sólo podían aspirar el humo de la pólvora y el ruido ensordecedor de los
proyectiles “Shrapel”, esas mortales esferas huecas, rellenas de balines y
pólvora que estallaban en el aire. Por
supuesto, a Felicia, contentarse con el ruido, no le había alcanzado.
-
Nos estamos perdiendo todo, negro cobarde. – le había
dicho azuzándolo. Porque sabía muy bien
que no había nada que odiara más que lo llamara de ese modo. Negro, era,
sin dudas, pero cobarde...
- Su madre va a
matarnos amita... y su padre... ¡ Dios nos libre! Nos harán madrugar un mes a
rezar ese Rosario largo... – intentó responderle esgrimiendo su arenga de siempre.
-
Si es lo que yo digo... cobarde... cobarde...– le
repitió frunciendo los labios y uniendo las cejas.
Sólo eso
había sido suficiente. Y un revuelo de bucles y enaguas con aroma a violetas.
“Cobarde”, un puchero acorazonado de su boca, y ese perfume irresistible, eran
mucho más de lo que el negro Simón podía soportar. Entonces, le había abierto
la puerta que daba a la calleja, sin saber que también estaba dejando el
resquicio desde el que ingresaría a su peor pesadilla. Y que a partir de ese
instante de debilidad, también había quedado atado a la travesura de su ama. La
más peligrosa. La más definitiva.
“Debí haberlo previsto, debí haberlo evitado”,
pensaba mientras el farol volvía a parpadear en la oscuridad y un aire frío le
llegaba por los túneles desde el río. Pensó también que nunca debió olvidar el
historial de tramoyas, enredos e intrigas que lo unían a su ama y mucho menos los resultados que
habían tenido todas ellas. Los castigos recibidos deberían haberle servido de lección, al menos
para entender que ninguna de las ideas de esa muchacha era inocua. Ahora,
lamentándose de su infortunio pensó que todos los ajetreos compartidos no
tenían comparación con esta farsa que
habían montado. No quería ni pensar en el futuro que les esperaba, por
la infeliz travesura.
Angustiado,
se detuvo en el cruce de túneles a pensar en los planes que tan cuidadosamente
habían trazado y entonces sintió el primer mordisco en el pie.
Contuvo un grito
y pateó las ratas que se le acercaban hambrientas. Dos o tres se descolgaron
sobre su cabeza espantando a un grupo de esos tenebrosos bichos alados negros
que pendían de las paredes del techo.
Del susto cayó en el piso de piedra rodando en un charco de barro. Era
preciso apurarse antes de que la marea subiera por los túneles y ya no pudieran
pasar. Comenzó a temblar como la lánguida luz del farol, oscilando entre el
temor y el frío que se colaba por sus ropas húmedas y se dirigió hacia uno de
los atajos de ese laberinto de piedra subterráneo.
(Cap I, Novela "La travesura" Libro "De Raíces y Huellas")
Relatada en La Feria del Libro Oncativo 2011-
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