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domingo, 8 de julio de 2012

EL AGRAVIO



Como erizada púa, el agravio te sorprende

con su crítica y mal juicio destemplado

-marciales estandartes enarbolados-

por hidalgos justicieros inclementes.



¿No sabe acaso, aquel que agravia

exponiendo al desnudo a su oponente

que el arma con que, sin piedad, hoy hier

deja su huella indeleble en el mañana?

 

¿Ni sabe que al dilacerar a los demás

primero, es de sí mismo de quién habla,

y en su enconado acecho y mezquindad

es a sí mismo a quién más daña?

 

 Que al erigirse en juez de la verdad ajena

sólo cosecha victorias sin simiente

porque basando en la mentira su argumento

va destruyendo con los otros todo puente.

 

Y aún así, creyéndose triunfante en su vileza

con el trofeo del perjuicio ajeno,

orgulloso, y cada vez más ciego

confunde glorias donde reina la bajeza.




Y en el volátil transcurrir de su camino

no ve que troca el amor, por la tristeza,

riega las piedras, con las que tropieza

y en el agravio, también sella su destino.

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